Tere
Primero pensé en (d)escribir cómo amaba los platillos de mi abuela. Su sabor, textura, temperatura perfectas. Y también pensé que en las cocinas es donde transcurre más de la mitad de nuestras vidas. Las mesas de las cocinas, los azulejos, las cazuelas un poco quemadas, algún peltre descarapelado, el tintineo de los tenedores al danzar sobre las lozas, son testigos de las batallas diarias. Porque, ¿acaso no es en las cocinas en donde muchas mujeres sostienen los sueños de otr@s? Entonces recordé a mi abuela. En un rincón de la cocina, sosteniendo exigencias. Enfundada en sus vestidos floreados. No flores alegres, ni rojas ni amarillas. Flores de pétalos café. La tela de sus vestidos caía triste sobre sus pantorrillas también tristes y cansadas. - ¿Por qué no le contestas algo, abue? - Así es él, es su carácter. Y continuaba su tarea. No entendía esa dinámica. En mí chocaba esa contradicción: la tristeza de sus manos versus...