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Dos poemas sin consuelo

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  Gracias y por favor Salgo de mi casa con el corazón estrujado caminar hacia la laguna cierne mis pensamientos A paso rápido piso las imágenes de cientos de zapatos hasta que mi mente choca con los ojos “de la China” los hermosos ojos que se perdieron en el horror de una fosa clandestina Pasan frente a mí mujeres corriendo trotando caminando   algunas sonriendo Ninguna de ellas ni yo entramos a las puertas del horror ninguna de ellas ni yo buscamos entre la basura los restos de los hijos caminamos erguidas y siguiendo nuestro ritmo mientras Indira Navarro cae de rodillas horrorizada en mi memoria Gracias susurro en el fondo de mi alma gracias por respirar porque estas mujeres y yo nos encontramos en un lugar hermoso y no en la garganta del infierno gracias porque sin ser mejores ni diferentes porque sin mérito alguno estamos aquí y no allá gracias por no vivir ese injusto destino y por favor por favor no nos permitas vivirlo a ninguna de ellas  ni a mí Una urgencia...

Dos citas Tinder

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  I Se llamaba Tito, al menos eso decía en su perfil. Esbelto, tez clara, tatuajes, alrededor de cuarenta años. Corrioso. Tenía un aire a Edward Norton en Historia Americana .  Nos quedamos de ver en un bar conocido por su ambiente guapachoso. Llegué puntual; él, tarde. Le escribí: “Aunque no vengas, yo ligo porque ligo”. Y me puse a socializar con un grupo de desconocidos animosos. Estaba bailando con unos de ellos cuando llega. “Espérame tantito”, le pedí para poder intercambiar número con Gerardo, a quien jamás volví a ver.  Tomamos algunas cervezas, ni idea de lo que platicamos, de lo típico, supongo. Eso sí, lo regañé por la tardanza. Al parecer el tipo había tenido una cita antes. No me importó. Nos besamos, después nos fuimos a mi casa. Del mejor sexo que recuerdo. Te ves más chica de lo que eres. Siempre que los hombres quieren halagarme con parecer más joven ignoro el comentario, envejecer es una virtud que no cualquiera tiene el placer de saborear. En general no...
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  no sé patinar tampoco nadar no sé andar en bici como propiamente andan los que saben no sé cocinar el hambre de medianoche sólo encuentra cosas pasadas pensándolo un poco tampoco sé amar bien o marcar un número de teléfono las sumas y las multiplicaciones me salen mal tengo más aciertos con las restas y las divisiones hay quienes mueren cada día yo suelo hacerlo los miércoles no como carne y no es por ideología no sé qué vino va con qué comida ni el efecto que tiene cuando digo una que otra verdad y pensándolo bien un poco mejor puedo hacer dibujos en el aire imaginar que él llegará en un libro blanco para escribir juntos sé mirar por las ventanas al aire he visto murmurar a los gatos pasear al filo de la noche sé lo que puedo leer y cómo hacerme mal sé cómo no alimentarme y atraer el insomnio me queda una duda no sé si me gustan más los espejos porque no me reconozco porque hay huellas visibles sin reflejo porque veo diferente creo que tampoco me gusta viajar voy y vuelvo al mis...