Dos citas Tinder
I Se llamaba Tito, al menos eso decía en su perfil. Esbelto, tez clara, tatuajes, alrededor de cuarenta años. Corrioso. Tenía un aire a Edward Norton en Historia Americana . Nos quedamos de ver en un bar conocido por su ambiente guapachoso. Llegué puntual; él, tarde. Le escribí: “Aunque no vengas, yo ligo porque ligo”. Y me puse a socializar con un grupo de desconocidos animosos. Estaba bailando con unos de ellos cuando llega. “Espérame tantito”, le pedí para poder intercambiar número con Gerardo, a quien jamás volví a ver. Tomamos algunas cervezas, ni idea de lo que platicamos, de lo típico, supongo. Eso sí, lo regañé por la tardanza. Al parecer el tipo había tenido una cita antes. No me importó. Nos besamos, después nos fuimos a mi casa. Del mejor sexo que recuerdo. Te ves más chica de lo que eres. Siempre que los hombres quieren halagarme con parecer más joven ignoro el comentario, envejecer es una virtud que no cualquiera tiene el placer de saborear. En general no...