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  las cinco de la tarde como la hora de la cigarra no es hora del té  o del café de cantar o morir las cinco de la tarde cuando se sostiene el silencio silencio pesado porque no son las seis ni las cuatro son las cinco de la tarde si no hay escucha hay una pausa se detienen los latidos los escozores de las uñas los escozores de las uñas abren las ventanas cierran las escuchas pasan las esperanzas  las ilusiones y las casas que no existen las cosas hablan se desfiguran se vuelan puertas porque a las cinco de la tarde el mar se esconde los sueños se queman no hay lugar para el amor las sombras pesan de color y son las despedidas se piensa en la ausencia en no regresar se esparce la nada los gatos duermen espera espera espera llegará el sol porque son las cinco  pero allá no y en cada cinco me voy haciendo vieja las cinco de la tarde el escozor de las uñas las ventanas cerradas las cinco de la tarde también envejecen  cada cana una manecilla del reloj    ...

La panga.

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  Amalia ya no tenía edad para volver a ser madre. Su cuerpo y su alma habían envejecido con celeridad desde que su padre había decidido entregarla en matrimonio con el administrador de la tienda de raya, cuando ella apenas tenía catorce años. Desde entonces, cada noche que dormía junto a su esposo deseaba, con furia silenciosa y asfixiante, la muerte de su padre. Amalia estaba convencida de que, por este deseo, Dios -o quizá Satanás- la había maldecido. En sus primeros dos embarazos había abortado; tras los abortos, venían las golpizas del hombre que la llamaba inservible. Cuando por fin nació su primera hija llegó junto con ella una calma dolorosa: vinieron cuatro niñas más, pero nunca un varón que el viejo rencoroso creía que le debía el destino. Pero la maldición apenas comenzaba: su primera hija murió por la picadura de un alacrán, la segunda, en un deslave del cerro; la tercera al golpearse la cabeza tras caer de un caballo y la cuarta asfixiada al tragarse un hueso de dur...
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  Acelgas imposibles. Existe un lugar inexplicable dentro de la Ciudad de México. Se encuentra muy cerca de Xochimilco y si lo buscas en google maps verás un cuadro negro que tapa cualquier rastro. Poca gente se acerca pues no está permitido, pero tampoco hay vigilancia así que hay quienes se aventuran a pesar de las advertencias de autoridades y vecinos. Desde varios metros alrededor se puede percibir un aroma atractivo que conforme te acercas al lugar se transforma en lo más delicioso que hayas olido en tu vida, es tan seductor que no dudas en acercarte cada vez más. Dicen que se siente como si cada partecita de tu cuerpo se viera atraído inevitablemente al lugar, llega un punto en el que tu voluntad parece desaparecer. Al llegar a las cercanías solamente se puede ver una especie de bosque de jacarandas enormes que cubren por completo la manzana. Pero no es como si se pudieran ver unos troncos detrás de otros, es como si estuvieran formados alrededor de la manzana y se unier...

"El artefacto"

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Todas contamos historias similares, al despertar de una siesta en nuestro sillón de comando, vimos una esfera blanca brillante. Parecía una pequeña estrella mirándonos. Era de un palmo de diámetro flotando frente a la cabina de nuestra cápsula espacial. Las que nos dedicamos a la recolección de datos somos flechas solitarias, recorremos grandes extensiones recabando información la cual almacenamos y damos orden, luego la soltamos para que otras, en una ínfima posibilidad de encontrarla, la tomen y hagan suya. Eventualmente nos encontramos con fenómenos extraordinarios.  Pasé un largo tiempo contemplando la esfera, fue como observar un ojo blanco y profundo. Hice un escaneo para detectar su composición. Era metálica con grabados geométricos desde donde irradiaba potente luz. Dentro de ella contenía una sola cosa: agua. Luego desapareció. Hice algunas anotaciones generales en la bitácora de viaje y no le di importancia. Más tarde, en nuestras juntas fónicas, todas coincidimos que nos...

¿Y SI LA BAJA CONSTANTE DE LA NATALIDAD ES UN HECHO DE JUSTICIA? -otro "asquerosamente horrible de malo" texto escrito por una mujer-

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  “Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada. Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.   Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario….Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.” Apocalipsis 6:2-8 Últimamente he visto varios videos de influencers feministas diciendo que la baja na...

Ironía

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Esta pieza intenta emular la forma creada por Berio y que denominó Sequenza, la cual busca generar, como su nombre lo dice: una música horizontal y que es ininterrumpida (lo cual fue un reto para mi aunado a la unidad que implican las sequezas). Por mi parte busco igualmente emular la cuestión teatral y rescatar a su vez, la consideracion de la música no sólo como un arte auditivo o sonoro, sino igualmente escénico: puesto que cuando se ve la música acústica en vivo, habitualmente se mira a un intérprete en un espacio que suele ser el escenario. Se procura en este breve esbozo, emular a una notación más hacia lo proporcional del modo en que hace Berio, y a su vez, se propone una partitura semiabierta: puesto que varios gestos son sugeridos, pero no tenemos una resultante única o estandarizada, sino más bien siempre aproximada de lo que veremos y escucharemos. Igualmente se busca una exploración tímbrica viendo al espacio como resonador del instrumento, de modo que el instrumento se fus...

Cuando mamá y Greta jugaron a las escondidas.

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  La adoptó cuando era apenas una cachorrita. La adoptó para salvarle la vida —o tal vez fue al revés—. Había sido abandonada y maltratada en la calle; la cúspide de ese maltrato ocurrió cuando, en medio de un juego macabro, unos hombres de rostros difusos le arrojaron gasolina y jugaban a lanzarle cerillos encendidos. Un misil de fuego cayó sobre el lomo de Greta —que en ese entonces aún no tenía nombre— y le incendió medio cuerpo. Mamá corrió despavorida por la calle y, con el chal que llevaba, apagó las llamas. La abrazó con delicadeza y, mientras el llanto de la perra resonaba constante, la llevó al veterinario para que curaran sus heridas. Cuando Greta se convirtió oficialmente en su compañera, su cuerpo ya estaba sanado pero las cicatrices permanecieron: las quemaduras habían dejado su piel expuesta en parte de la cabeza y del lomo, sin el pelo negro que cubría el resto del cuerpo. Su mirada era una mezcla de temor y enojo; no permitía que nadie se acercara —a excepción de ma...