Tere
Primero pensé en (d)escribir cómo amaba los platillos de mi abuela. Su sabor, textura, temperatura perfectas. Y también pensé que en las cocinas es donde transcurre más de la mitad de nuestras vidas.
Las mesas de las cocinas, los azulejos, las cazuelas un poco quemadas, algún peltre descarapelado, el tintineo de los tenedores al danzar sobre las lozas, son testigos de las batallas diarias. Porque, ¿acaso no es en las cocinas en donde muchas mujeres sostienen los sueños de otr@s?
Entonces recordé a mi abuela. En un rincón de la cocina, sosteniendo exigencias. Enfundada en sus vestidos floreados. No flores alegres, ni rojas ni amarillas. Flores de pétalos café. La tela de sus vestidos caía triste sobre sus pantorrillas también tristes y cansadas.
- ¿Por qué no le contestas algo, abue?
- Así es él, es su carácter. Y continuaba su tarea.
No entendía esa dinámica. En mí chocaba esa contradicción: la tristeza de sus manos versus el sabor exquisito de su comida. Será por eso que disfruto entre la nostalgia y el placer, combinación agridulce también en mi paladar.
Mi abuela fue sólo un par de años a la escuela. Porque le enseñaron que su cuerpo tenía que parir, pertenecer y cocinar.
Mi abuela no leía. Pero sabía lo que decían mis ojos.
Mi abuela nunca supo manejar. Pero era dueña de su cocina, sus utensilios. Hacía magia. Hacía milagros.
Mi abuela nunca alzó la voz. Ni lloró fuerte frente a la tumba de su madre ni de su hermana más querida. En su lugar, llenaba con delicias los peroles del lugar.
Mi abuela no me enseñó a cocinar. Pero por ella sé que un abrazo tiene poder, que el té de manzanilla cura casi cualquier mal si la mano que te lo da es sincera, que la tortilla quemada a fuego directo cura el empacho o que si hay eclipse lunar hay que taparse el ombligo.
Mi abuela no me enseñó a cocinar. Pero marinó mis memorias con su ternura.
Lo escribo ahora, cuando no sé qué comer, se han quemado las verduras, el humo invade parte de mi cocina. Se quema todo mientras me enjugo las lágrimas.
Mientras pienso que mi abuela pudo ser una gran poeta o médica. Una gran científica o sólo una mujer libre y sin miedo.

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