no sé patinar
tampoco nadar
no sé andar en bici
como propiamente andan los que saben

no sé cocinar
el hambre de medianoche
sólo encuentra
cosas pasadas

pensándolo un poco
tampoco sé amar bien
o marcar un número de teléfono
las sumas y las multiplicaciones
me salen mal
tengo más aciertos
con las restas y las divisiones

hay quienes mueren cada día
yo suelo hacerlo los miércoles

no como carne y no es por ideología
no sé qué vino va con qué comida
ni el efecto que tiene cuando digo
una que otra verdad

y pensándolo bien
un poco mejor
puedo hacer dibujos en el aire
imaginar que él llegará
en un libro blanco
para escribir juntos

sé mirar por las ventanas
al aire he visto murmurar
a los gatos pasear
al filo de la noche

sé lo que puedo leer
y cómo hacerme mal
sé cómo no alimentarme
y atraer el insomnio

me queda una duda
no sé si me gustan más los espejos
porque no me reconozco
porque hay huellas visibles sin reflejo
porque veo diferente

creo que tampoco me gusta viajar
voy y vuelvo al mismo lugar
ir es fácil
regresar es un ataque al corazón

sé que soy apasionada
no sé si por imbécil
o por auto-com-pasión

puedo ser libre y prisionera a la vez

pero en esta situación de posguerra
no me interesa
patinar nadar cocinar sumar o multiplicar
prefiero lo cotidiano
el dolor por las mañanas al despertar
escuchar sueños
escribir historias
comer azúcar y sal
beber cerveza y café
leer poesía
hacer dibujos en el aire
y pensar alguna vez
la vida
...

                                                   invierno, 2020



*Imagen IA

 

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