Dos poemas sin consuelo
Gracias y por favor
Salgo de mi casa con el corazón estrujado
caminar hacia la laguna cierne mis pensamientos
A paso rápido piso las imágenes de cientos de zapatos
hasta que mi mente choca con los ojos “de la China”
los hermosos ojos que se perdieron en el horror de una fosa clandestina
Pasan frente a mí mujeres corriendo
trotando
caminando
algunas sonriendo
Ninguna de ellas ni yo entramos a las puertas del horror
ninguna de ellas ni yo buscamos entre la basura los restos de los hijos
caminamos erguidas y siguiendo nuestro ritmo
mientras Indira Navarro cae de rodillas horrorizada en mi memoria
Gracias susurro en el fondo de mi alma
gracias por respirar
porque estas mujeres y yo nos encontramos en un lugar hermoso
y no en la garganta del infierno
gracias porque sin ser mejores ni diferentes
porque sin mérito alguno estamos aquí y no allá
gracias por no vivir ese injusto destino
y por favor por favor no nos permitas vivirlo
a ninguna de ellas
ni a mí
Una urgencia extraña devuelve mis pasos a la casa
mi niña duerme aún en su cama
y hoy en Tlajomulco una niña de diez años fue degollada en su baño
su madre tenía cuatro meses de embarazo
pero mi niña descansa entre mantas calientes
abrazada a un peluche
Gracias digo en el fondo de mi alma
y la gratitud se confunde con la culpa
¿por qué ella y no la otra chiquita?
¿por qué mi hija y la hijita de la otra mujer no?
¿en qué somos mejores?
¿qué hemos hecho de más o ellas hicieron de menos?
¿Por qué la otra madre no pudo salvarla ni salvarse?
¿Por qué su hogar se deformó en casa de tortura?
Gracias digo una vez más aunque la cabeza no me alcanza
y por favor, por favor mi hija no
mi hija nunca
que su carita nunca se rompa
que nadie vulnere su cuerpecito
por favor
por favor
Gracias digo en el fondo de mi alma mientras el llanto me ahoga
pero me ahoga aquí frente a mi computadora
no frente a un horno lleno de dientes y huesos perdidos
no frente a mi propio cuerpo destrozado
ni siendo el fantasma que vela el cuerpo de mi hija
aquí y no cara cara al horror
Por favor
por favor
aunque no merezca nada
aunque no sea mejor ni más valiente
aunque solo sea una mujer común
aleja de mí esa miseria
que mi encuentro con la muerte no sea en esa soledad tan violenta
que la crueldad no se regodee sobre mi cuerpo pulverizado
que mis ojos no se pierdan bajo los zapatos abandonados
y el hedor
Endechas en Teuchitlan
Padre Nuestro que estás en los cielos
ya muy llorado ha sido tu nombre
que tu voluntad te permita descender a la tierra
que tus pasos vayan junto a ellas
que tu omnisciencia vea por sus ojos
tu sabiduría huela la tierra
tus manos entierren la varilla en el barro putrefacto
Padre cava
cava
cava
cae de rodillas a su lado
llora en sus hombros
abraza sus brazos vacíos
enjuga sus lágrimas viejas
truena en sus gargantas rotas
sostén sus pasos endebles
golpea con ellas las puertas traseras del infierno
derríbalas con tu puño poderoso
deja a la vista el horror
Ellas, obra primorosa de tus manos
preciosos pies ya callosos que anuncian la muerte
traen noticia de la derrota
gritan a voz en cuello:
Dios tus hijos
nuestros hijos han desaparecido
somos prisioneras de la esperanza
aún no tenemos paz
Padre Nuestro que estás en los cielos
llora sobre los huesos calcinados de tus hijos
sobre los dientes dispersos de los hijos de tus hijas
llora tanto que el polvo se vuelva lodo
llora y sopla sobre ellos otra vez
Ezequiel profetizó sobre los huesos secos
Ellas quisiera ver huesos completos
esqueletos completos
secos o frescos
pero completos
quisieran profetizar sobre los campos yermos
clamar que se una cada hueso con hueso
clamar por la carne y por la piel
convocar al Espíritu de los cuatro puntos de la Tierra
y gritar: ¡Vivan!
Padre Nuestro que estás en los cielos
por qué parece que te olvidas de tus hijas
por qué andan solas en los campos como si no tuvieran Padre
por qué los hijos de tus hijas son matados como si no fueran tuyos
como si no estuvieran hechos con tus manos
como si no hubieras soplado en su barro
Por qué te escondiste tras las nubes
por qué no escuchaste el llanto de tus niños
Padre Nuestro que estás en los cielos
baja a la Tierra
camina con tus hijas
llévalas de la mano
vuelve a llenar sus brazos de hijos
de esos hijos que los malditos les robaron
llora de alegría en sus ojos
vuelve su llanto en canción
regresales con bien a casa.
Amén

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