Primero pensé en (d)escribir cómo amaba los platillos de mi abuela. Su sabor, textura, temperatura perfectas. Y también pensé que en las cocinas es donde transcurre más de la mitad de nuestras vidas. Las mesas de las cocinas, los azulejos, las cazuelas un poco quemadas, algún peltre descarapelado, el tintineo de los tenedores al danzar sobre las lozas, son testigos de las batallas diarias. Porque, ¿acaso no es en las cocinas en donde muchas mujeres sostienen los sueños de otr@s? Entonces recordé a mi abuela. En un rincón de la cocina, sosteniendo exigencias. Enfundada en sus vestidos floreados. No flores alegres, ni rojas ni amarillas. Flores de pétalos café. La tela de sus vestidos caía triste sobre sus pantorrillas también tristes y cansadas. - ¿Por qué no le contestas algo, abue? - Así es él, es su carácter. Y continuaba su tarea. No entendía esa dinámica. En mí chocaba esa contradicción: la tristeza de sus manos versus...
Todas contamos historias similares, al despertar de una siesta en nuestro sillón de comando, vimos una esfera blanca brillante. Parecía una pequeña estrella mirándonos. Era de un palmo de diámetro flotando frente a la cabina de nuestra cápsula espacial. Las que nos dedicamos a la recolección de datos somos flechas solitarias, recorremos grandes extensiones recabando información la cual almacenamos y damos orden, luego la soltamos para que otras, en una ínfima posibilidad de encontrarla, la tomen y hagan suya. Eventualmente nos encontramos con fenómenos extraordinarios. Pasé un largo tiempo contemplando la esfera, fue como observar un ojo blanco y profundo. Hice un escaneo para detectar su composición. Era metálica con grabados geométricos desde donde irradiaba potente luz. Dentro de ella contenía una sola cosa: agua. Luego desapareció. Hice algunas anotaciones generales en la bitácora de viaje y no le di importancia. Más tarde, en nuestras juntas fónicas, todas coincidimos que nos...
Autobiografía 7.5 Nací bajo el sol del noveno mes. A las doce del día. "La hora de la locura", dice mi madre. Quizá por eso sueño con elefantes que viven en las copas de los árboles o con mariposas buscando su casa bajo la tierra. Nací en el sur: casa del pozol, la marimba y el chipilín. Morí en el norte: en los brazos del mar, en el desierto y con el llanto del ballenato. Ansiosa por naturaleza. Desconfiada por experiencia. Dios mismo me libró de creer en él. Creo en la poesía y en la memoria. En mis gatas y en las cicatrices que me habitan. Hay quien me encerraría en un ridículo diagnóstico porque huyo de las sorpresas, porque no me adapto a los cambios como es lo "esperable". Además, llevo siete años en duelo. La psiquiatría y las psicologías dicen que lo normal son dos. Me as...
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