Primero pensé en (d)escribir cómo amaba los platillos de mi abuela. Su sabor, textura, temperatura perfectas. Y también pensé que en las cocinas es donde transcurre más de la mitad de nuestras vidas. Las mesas de las cocinas, los azulejos, las cazuelas un poco quemadas, algún peltre descarapelado, el tintineo de los tenedores al danzar sobre las lozas, son testigos de las batallas diarias. Porque, ¿acaso no es en las cocinas en donde muchas mujeres sostienen los sueños de otr@s? Entonces recordé a mi abuela. En un rincón de la cocina, sosteniendo exigencias. Enfundada en sus vestidos floreados. No flores alegres, ni rojas ni amarillas. Flores de pétalos café. La tela de sus vestidos caía triste sobre sus pantorrillas también tristes y cansadas. - ¿Por qué no le contestas algo, abue? - Así es él, es su carácter. Y continuaba su tarea. No entendía esa dinámica. En mí chocaba esa contradicción: la tristeza de sus manos versus...
Todas contamos historias similares, al despertar de una siesta en nuestro sillón de comando, vimos una esfera blanca brillante. Parecía una pequeña estrella mirándonos. Era de un palmo de diámetro flotando frente a la cabina de nuestra cápsula espacial. Las que nos dedicamos a la recolección de datos somos flechas solitarias, recorremos grandes extensiones recabando información la cual almacenamos y damos orden, luego la soltamos para que otras, en una ínfima posibilidad de encontrarla, la tomen y hagan suya. Eventualmente nos encontramos con fenómenos extraordinarios. Pasé un largo tiempo contemplando la esfera, fue como observar un ojo blanco y profundo. Hice un escaneo para detectar su composición. Era metálica con grabados geométricos desde donde irradiaba potente luz. Dentro de ella contenía una sola cosa: agua. Luego desapareció. Hice algunas anotaciones generales en la bitácora de viaje y no le di importancia. Más tarde, en nuestras juntas fónicas, todas coincidimos que nos...
no sé patinar tampoco nadar no sé andar en bici como propiamente andan los que saben no sé cocinar el hambre de medianoche sólo encuentra cosas pasadas pensándolo un poco tampoco sé amar bien o marcar un número de teléfono las sumas y las multiplicaciones me salen mal tengo más aciertos con las restas y las divisiones hay quienes mueren cada día yo suelo hacerlo los miércoles no como carne y no es por ideología no sé qué vino va con qué comida ni el efecto que tiene cuando digo una que otra verdad y pensándolo bien un poco mejor puedo hacer dibujos en el aire imaginar que él llegará en un libro blanco para escribir juntos sé mirar por las ventanas al aire he visto murmurar a los gatos pasear al filo de la noche sé lo que puedo leer y cómo hacerme mal sé cómo no alimentarme y atraer el insomnio me queda una duda no sé si me gustan más los espejos porque no me reconozco porque hay huellas visibles sin reflejo porque veo diferente creo que tampoco me gusta viajar voy y vuelvo al mis...
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