Acelgas imposibles.
Existe un lugar inexplicable dentro de la Ciudad de México. Se encuentra muy cerca de Xochimilco y si lo buscas en google maps verás un cuadro negro que tapa cualquier rastro. Poca gente se acerca pues no está permitido, pero tampoco hay vigilancia así que hay quienes se aventuran a pesar de las advertencias de autoridades y vecinos. Desde varios metros alrededor se puede percibir un aroma atractivo que conforme te acercas al lugar se transforma en lo más delicioso que hayas olido en tu vida, es tan seductor que no dudas en acercarte cada vez más. Dicen que se siente como si cada partecita de tu cuerpo se viera atraído inevitablemente al lugar, llega un punto en el que tu voluntad parece desaparecer.
Al llegar a las cercanías solamente se puede ver una especie de bosque de jacarandas enormes que cubren por completo la manzana. Pero no es como si se pudieran ver unos troncos detrás de otros, es como si estuvieran formados alrededor de la manzana y se unieran en un abrazo gigante para que nada pueda ver el interior de ese espacio.
Cuenta la leyenda que en el sismo de septiembre de 2017, no el del 19 sino el de días antes que ocurrió durante la medianoche, la tierra se movió como nunca, del suelo brotaban relámpagos, se podía escuchar el estruendo de los rayos mientras la gente trataba de no caer. Duró mucho más de lo habitual, tanto así que los edificios feos de la manzana entera, esos que se veían viejos, derruidos, pobres, entre las casas hermosas con jardines llenos de árboles y flores, terminaron por hundirse en la tierra. Fue muy extraño porque no colapsaron, se hizo un agujero en toda la manzana, solamente quedaron las casas.Todos los edificios, ¡pum! al vacío. Sin ruido, sin polvaredas: un agujero profundo por el que de pronto, de la nada, se habían ido cientos de departamentos con la gente que los habitaba.
En la iglesia de la esquina hicieron misas y altares, procesiones, bendiciones. Los vecinos y las familias estaban desconsoladas y completamente desconcertadas por la situación. Y entonces empezó a suceder algo que se sumaba aceleradamente a la sucesión de rarezas: por las noches las dos jacarandas que habitaban la acera de las casas bonitas se empezaron a mover hacia el agujero lentísimamente y prácticamente en silencio. Cuando la gente se dio cuenta, días después, las jacarandas ya habían atravesado la calle y además habían crecido por lo menos dos metros. Luego el aroma de sus flores empezó a sentirse mucho más presente y además era mucho más dulce, mucho más suave y reconfortante, lo que empezó a atraer a la gente hacia ellas y hacia el agujero. A los pocos días, del agujero empezaron a salir unas como acelgas enormes, lo cual no era tan raro porque la zona antiguamente era ejidal y de siembra, pero estas eran predominantemente rosas, con unos brillos tornasolados que en algunos destellos se veían hasta transparentes y las hacían parecer proyecciones holográficas. Parecía que estaban húmedas y en algunos momentos algunas gotas caían al vacío recorriendo las orillas de las hojas. También emitían un aroma, pero este era como orgánico, como de carne podrida. Su intensidad era muy baja, se podía sentir muy poco y muy de repente entre el vapor emanado por las jacarandas.
Todo pasaba muy rápido: las acelgas pronto fueron gigantes, se movían lenta y sensualmente. Su aroma se mezcló con el de las jacarandas de una manera perfectamente atractiva para las personas quienes, ya despojadas de sus ropas, empezaban a llegar tan peligrosamente a las orillas del agujero que hacían pensar que se querían tirar en él. Eso fue justo lo que pasó. Se tiró la primera persona y la mayoría se asustó tanto que salió del sopor provocado por el delicioso vapor jacarandoso y volvieron corriendo a sus casas. Sin embargo esta persona regresó a la superficie pocos días después y dijo que no cayó al fondo sino que las acelgas lo atraparon a medio vuelo. Dijo que se sentían como lenguas húmedas, ásperas pero no rasposas, que le lamieron todo el cuerpo mientras bebía la savia-saliva brindada por las acelgas. Que con sus hojas-lenguas exploraron cada rincón de su cuerpo de maneras que nunca imaginó, que sentía cada parte de sí misma en un placer inexplicable el cual se exacerbaba con cada trago de savia que lamía de las hojas, deliciosa, dulce, salada, líquida, espesa, colorida, transparente, aromática, extasiante saliva. Los colores se podían saborear, el tacto se podía escuchar, el sonido se podía ver y cada vello estaba erizado en placer completo, como si el paraíso estuviera contenido en el cuerpo. Luego de un par de días de éxtasis lo regresaron suave y tiernamente a la orilla y el vapor no tuvo más influjo sobre esta persona, por eso pudo volver.
Evidentemente esta historia funcionó como un seductor anzuelo que mucha gente mordió: cientos de personas decidieron lanzarse dentro del agujero sin avisarle a nadie, pensando que iban a regresar enseguida. Pero no sucedió. Estas personas fueron tragadas por el agujero y las acelgas gigantes imposibles. No se supo más de ellas.
Fue entonces cuando el gobierno llegó, desalojó y puso vallas para restringir el acceso. Por supuesto aquí no bombardearon ni se pudo hacer nada más, pues en este país ni en las películas nos podemos permitir pagar sumas militares en situaciones así.
Las jacarandas siguieron creciendo y replicándose rapidísimamente hasta cubrir el agujero de las acelgas como si lo quisieran proteger. Las autoridades hicieron todo lo posible por guardar el secreto, incluso pagaron a google para ponerle el cuadrito negro ese.
Y es por eso que te digo que te quites la ropa antes de que lleguemos. ¿Percibes ese olor? Como de nariz de la persona amada, fruta y alcohol. ¡Mira! Desde aquí se pueden ver las jacarandas.
Amaranta
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