las cinco de la tarde

como la hora de la cigarra

no es hora del té 

o del café

de cantar o morir


las cinco de la tarde

cuando se sostiene el silencio

silencio pesado

porque no son las seis ni las cuatro

son las cinco de la tarde


si no hay escucha hay una pausa

se detienen los latidos


los escozores de las uñas

los escozores de las uñas


abren las ventanas

cierran las escuchas


pasan las esperanzas 

las ilusiones

y las casas que no existen

las cosas hablan

se desfiguran

se vuelan puertas

porque a las cinco de la tarde

el mar se esconde

los sueños se queman

no hay lugar para el amor

las sombras pesan de color

y son las despedidas


se piensa en la ausencia

en no regresar

se esparce la nada

los gatos duermen


espera

espera

espera


llegará el sol

porque son las cinco 

pero allá no


y en cada cinco

me voy haciendo vieja

las cinco de la tarde

el escozor de las uñas

las ventanas cerradas


las cinco de la tarde

también envejecen 

cada cana

una manecilla del reloj

     
                                                      poema 31
                                                        

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