Corazón Camino Letra
Amanecer con el corazón apachurrado, y sí, tal vez solo se trate de que te dormiste del lado izquierdo presionando la cardiotripa. Quizá todo sea cuestión de las benditas hormonas que te tienen vuelta loca, del calor insoportable que nos está cociendo vivos, de la serie que ves en las noches actualmente, del pastel que te zampaste sin deber hacerlo.
Pero el corazón se resiste a explicaciones. ¿O son las hormonas? Las hormonas han jugado con tus sentimientos aun más cruelmente que tu corazón. ¿Cuántas veces no le echaste la culpa al corazón y solo fue el síndrome premenstrual? Pero es que tengo la sospecha de que se coordinaban los desgraciados, que entre el corazón y mi ciclo hormonal me metían en unos quilombos bien infelices, y ahí estaba mi pobre cerebro tratando de dar batalla en una guerra completamente perdida.
El corazón apachurrado tal vez solo sea haberte parado en medio del camino. Es que detenerse es malo, de veras. Una tendría que seguir y seguir, sin dudar, sin pausarse, sin preguntarse nada, nomás irse como hilo de media sin si quiera respirar. Pero si te detienes y ves todo el camino transcurrido, si te asomas a los voladeros que milagrosamente libraste, si en la cima de la sierra te atreves a ver el serpenteado camino que has recorrido, te tiemblan las piernas y no te sientes capaz de seguir. Porque no tienes idea de cómo llegaste ahí, ni de si ese era el camino o a punta de necedad, insistencia, y esfuerzo creaste otro que nada tenía que ver con el que marcaba el mapa.
¿Importa?
Te has marcado en el rostro, en las piernas y las costillas tantas historias que, si tu piel hablara, le faltarían años al mundo para decirte toda. ¿Cómo no te va a doler el corazón si lo jugaste como si fuera canica por tantas banquetas en el mundo? Si lo arrojaste como moneda para volado. Si lo apostaste dejándolo caer y por pura suerte, como las autenticas brujas, voló. Cacaraquean tanto sobre el corazón roto y no saben que el tuyo es invencible. No porque jamás pierda, sino porque nunca se rinde. No le espanta fallar, le aterroriza acobardarse, o al menos no rendirse al amor. ¿A cuál? Al que le juraste la vida, al que cocinaste entre tus entrañas, al que tejiste con las manos de Dios entre los más profundos secretos. Por ese amor todo, sin ese amor nada.
Y aquí estás amaneciendo aunque casi sea medio día, pero tú bien sabes que el horario no importa porque tú no amaneces sino hasta que pones en letra lo que sea que sientas. Naciste escrita como código por dentro y por fuera, como una banda de moebius grabada, cincelada, marcada. Escribir es tu forma de cernirte, de darte cuerda, de amarrarte las agujetas del alma para seguir caminando. Porque bien sabes que aunque te sientas cansada y no tengas idea del camino que queda adelante no te detendrás. ¿Qué sentido tiene vivir si una se queda estancada? Mis pies son agua, mi alma es agua, mis palabras agua, solo queda seguir. El corazón, pobre iluso, se irá curando solo, o al menos armándose un cuento para sentirse curado.

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