Viajera interestelar


1

Duermo sola. 

Dormir con alguien es tarea complicada.

Duermo con cinco almohadas, nunca con ropa interior. Me gustan las mantas, mantas suaves.


2

Odio estornudar. 

Ese estallido tipo Big Bang de aire y baba no me complementa.

Estornudo igual que mi madre, hay algo en eso que me molesta, es porque me siento menos original.


3

Una no habla de* que no limpia el baño o que no le desagrada lavar trastes porque mientras lo hace piensa. Una no habla de que le guste pensar, de que ese universo ahí adentro, el de su pensamiento, es su lugar.


4

En la práctica soy muy parecida a la palabra eventual: cocino eventualmente, viajo eventualmente, voy al súper eventualmente, me vuelvo loca eventualmente.


5

Escribo para escuchar la música de mi cabeza. Escribo porque hay personajes que me cantan al oído y me seducen con su vida estrafalaria. Escribo porque así logro ordenar el ruido que hay afuera. Escribo para bailar la música de mi cabeza.


6

Soy garnachera y si no pica, no como.


7

El invierno me entumece, soy araña de patas encogidas.

En primavera limpio bien el piso y camino descalza.

En primavera la ropa sobra y devoro los insectos atrapados en mi telaraña.


8

El espacio interestelar es el lugar de mis elucubraciones. 

Mi voz viaja a múltiples lugares como la sangre por el cuerpo, como el agua por el mundo. Mi mente es un multiverso; mi voz, una polifonía.


9

Una no habla de que estar sola sea la forma de hacer la vida. La soledad es el lugar de las palabras. 

Camino en círculos —sola— entre mil paredes, con la vista levantada y ciega. Me escucho y soy capaz de vivir. Una no habla de que camina en círculos para no morir.


10

Los pretendientes estorban, los hombres en la calle estorban, los hombres en la universidad estorban, 

los hombres en Facebook y en el trabajo estorban. Estorban los escritores, los intelectuales, los maridos, los filósofos, los amantes. Los hombres estorban.


11

Nunca pensé en escribir, me gustaban las libretas y de mí había que llenarlas.

Escribir fue circunstancial; seguir haciéndolo, la reafirmación de mí misma.

Escribo porque es la pila donde cae gota a gota el mar que me desborda.


12

Me gusta el café y la cerveza, las tardes anaranjadas y la marihuana, el aire libre y las caminatas, los bosques afantasmados y las cabañas encantadas. Me gustan los laberintos, los sueños lúcidos y el surrealismo, las uvas carnosas, el vino, la música, la poesía que sale cuando te exprimes.


13

Hay belleza en preparar el desayuno por las mañanas.

En mirarse al espejo después de una ducha.

En abrir la coladera para que se vaya el espanto.


14

Quiero vivir en un nido de pájaro carpintero.

Volar y que mi organismo transmute en nube.

Llover sobre un árbol que nunca sucumbirá 

y después dormir sobre su sombrero.


15

En vez de eso tengo una cama con cinco almohadas y mantas suaves, una casa de paredes blancas, 

un piano que no sé tocar, un librero que también es espejo, pasillos sin nada, mesas sin nada, paredes sin nada, un gato que cruza, unos pies pequeños que, veloces, corren de aquí allá y luego desaparecen: mi casa es un planeta embrujado.


16

En verano la bruma entra por la ventana, 

miro mis pasos y sé que vuelan en otro mundo.

En verano las ventanas hablan, 

insisten en contar historias con el traqueteo de su lluvia.

Otoño es una brisa afilada que desnuda y corta.


17

A veces soy quejido, un jarrón que se rompe, a veces un ladrido, una corriente de aire, un rostro desencajado, un lápiz sin punta, un fantasma ordinario que deambula en el claustro. 

Recorro muebles y rompo floreros, susurro historias y duermo encima de los extraños. 

A veces soy una canción que se repite sin parar.


18

Soy la nave espacial que huye a lo desconocido, que atraviesa el universo con furia, pasión y heroísmo. 

A veces, no es mi casa, sino yo, un planeta embrujado y me doy cuenta de que el conjuro ha salido de mí.


19

No quiero escribir una novela.

Quiero escribir un monstruo.

Un monstruo comelón.


20

En invierno soy araña muerta.

La muerta en el velorio que espera.


22

Relajada, contemplativa, sin frío ni calor, soy atardecer inundando de amarillo el prado.

Camino como niebla. Mi lluvia es rocío y en invierno soy agua termal.

Cuando tengo miedo soy estatua. Y cuando me oculto, un roedor.


23

Viajo entre sombra y sombra hasta llegar al túnel o a la cumbre. Soy lenta. 

Tengo teclas en las manos y alas en los pies. Soy veloz.

Soy mujer buzo. El mar es universo donde las ballenas cantan con mi voz.


24

Pienso y escucho mi palabra en la cabeza. 

Mi palabra, esa sucesión de sonidos, tripula una nave que viaja por el universo de mi pensamiento:  mi palabra es una viajera interestelar. 

Una no habla de que su palabra sea una viajera interestelar.


25

Huyo de las miradas, en cambio, observo: soy un mirador.

A veces invoco, a veces me meneo, a veces hablo sin parar, pero sobre todo callo. 

Muda converso donde conmigo vuela el universo.


25

Veo borroso, olvido todo, la procrastinación es hábito y rutina; no llevo cuenta de las horas y no entiendo de trámites, bancos y burocracias.

Soy austera, soy gris, deshojo el tiempo en especulaciones y escondrijos.


26

Soy la que duerme y en sueños vive; la que despierta, se levanta y no tiende la cama; la que camina y hace visitas; la que cuida, juega y toma cerveza; la que se reúne, cocina y le sube a la música.  

Soy mi cuerpo indeciso y quejumbroso que come más o menos poco, que fuma más o menos mucho.


27

Soy eterno presente.


28

Soy silencio y alarido al mismo tiempo.

Soy la poesía, la torre que construyo con ella 

y el bosque donde nadie me encuentra.


29

Mi cabeza es nido.

Mi cabeza es nido y el cielo infinito.


30

Soy la astronauta que flota sobre la cama.


31

Soy la voz.



                                                                - Yuri Bautista




* Una no habla de esto es una frase tomada del título del libro de Sylvia Aguilar Zéleny.

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