TOMO DE LA MANO A MI MADRE


 TOMO DE LA MANO A MI MADRE


Tomo de la mano a mi madre para cruzar la calle y se sigue sosteniendo de mí hasta llegar al restaurante. Siento sus manos, los huesos de sus manos, la abrazo por la espalda y puedo percibir su fragilidad. Su espalda sigue recta pero se ha hecho mucho más estrecha, siento su piel delgada, me cabe en los brazos, ella. La sentí como cuando uno de niño recoge un pajarito, sostienes en tus manos algo que podrías quebrar, que alguien podría quebrar muy fácilmente. Fue solo un instante, pero me invadieron unas ganas de llorar enormes como un océano. Solo le dije tus manos se sienten muy delgadas pero todavía fuertes. 


Creo que no lo dije por ella sino por mí. La necesito enorme, fuerte como un huracán. Ella es la persona más fuerte que conozco, ella es brava, imponente como un ejército en orden para la batalla. 


Escribo con música como siempre pero a veces no encuentro alguna que me contenga o me sacuda. Anoche mi madre regresó a Morelia y la extraño muchísimo. La vida es más fácil con ella. Mi hija se siente querida y contenida. Yo me siento cerca al hogar aunque hace tantos años no siento tener uno. Ella hace que todo se vuelva mucho más aceptable o mucho más combustible. Sin ella aquí me siento tan desarraigada, tan hoja volando por los aires. A veces no me doy cuenta de que ella es mi patria, o más bien mi matria. 


Quisiera esconderme bajo el plástico caliente de su piel, cubrirme con las pecas de sus manos, trenzar su suaves cabellos hasta quedarme dormida. Volver a ser la niña que nunca fui con ella, aprender a quererla desde mis primeras palabras, correr a sus brazos y dejarme cargar en su regazo. Todo eso que jamás pasó. Me hubiera gustado nacerle en otro momento, en uno más maduro, menos amenazante para su salud y su estabilidad mental, hubiera querido tener una excelente historia inicial, contar nuestra relación como algo idílico y poderoso, recordar con ella solo momentos dulces. Pero hay personas que cuando envejecen en lugar de amargarse se endulzan y ella se está convirtiendo en un pequeño terrón. 


Ojalá mi memoria recoja cada sonrisa suya, cada cariño para mi hija, cada momento tierno con más fuerza que con la que imprimió tanta ira y desesperación. A veces creo que si ella me hubiera amado desde niña sería más fácil para mí no dejarme maltratar, aprender a amarme, no soportar ni siquiera un poco de abuso, tal vez si ella me hubiera amado cuando era bebé no esperaría tantas veces a tanta gente que no sabe amarme, tal vez perdonaría mucho menos fácil, tal vez sería mucho más feliz.


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